Escondida detrás de un personaje

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Como cuando andas por mitad de la calle y ves que los coches consiguen esquivarte a la perfección como si de un fantasma se tratase. Y a eso se le suma el cielo grisáceo (aunque con estas subidas de temperatura se agradece el ‘nublao’ porque te hace descansar tus ojos y tu piel del sol). Pero es que es así.

En cuestión de carreteras parece que la gente que se mete en los coches se vuelve invidente por un corto plazo de tiempo. Hace poco en un rodaje tuve la oportunidad de comprobarlo. La escena consistía en cruzar la Gran Vía a pelo. Sí, sí, a pelo, ¡como lo oís! Yo, como quien no quiere la cosa, debía cruzarla con el semáforo en verde (porque se necesitaba tráfico, en este caso si era real mejor que mejor); a un paso de procesión y con unas pintas un tanto dudosas y extrañas a la par que llamativas (pero lo de las pintas se quedó en anécdota porque todo el mundo alucinó con que hiciera aquello sin inmutarme). El caso es que lo que me asustaba no eran los frenazos de los coches que podrían producirse, ni  que me mirasen raro… Era que soy absolutamente consciente de que por mucho que se vea a una persona cruzando la calle (aún con el semáforo en rojo siendo consciente de que el peatón lo está haciendo como el cul***) ¡los coches no paran! ¡No señor! Y ahí nos lanzamos yo y mis pintas en plena Gran Vía en un atardecer precioso a cruzar esa calle de más de cuatro carriles cruzando los dedos sin que la cámara fuera consciente de ello y con un rictus aparentemente indiferente. Y, efectivamente. Ningún coche llegó a rozarme pero porque algún ángel de la guarda estaba muy atento de mí en esos momentos, ya que no faltaron ganas a muchos de los conductores  de llevarme por delante. Me pasaban a escasos centímetros e, incluso, muchos no cambiaban su trayectoria por lo que mi ropa se sacudía peligrosamente cada vez que me pasaban a escasos centímetros. A ver, sé perfectamente que lo que yo estaba haciendo básicamente estaba fatal y era mega peligroso pero, ¡era necesario para la escena!

Lo que me pareció curioso fue la reacción de la gente (reacciones reales) a algo así. ¿Qué fue lo más espectacular? Que empecé a oír gritos detrás de mí: ¡Eh, chica! ¡Oye!! ¡Tú! ¿Se puede saber qué haces?? Y de repente una mano me agarró del brazo y me giró. Y yo cerrando los ojos (y pensando, no por favor…’lo que me faltaba’) descubrí que era la Policía Nacional la que me estaba pidiendo explicaciones y tratándome como si fuera una tarada real en mitad de la Gran Vía de Madrid Y entonces yo me dije: ‘Blanca, piensa rápido, ¡a ver qué le vas a decir a este agente! Así que con cara de compungida le dejé intentando zafar mi brazo de su mano, ‘discúlpeme agente pero es que estamos rodando una película y verá está usted en mitad de una escena…’ Con lo que él se quedó realmente paralizado y empezó a buscar la cámara a su  alrededor. Lo que no sabía es que la cámara se encontraba a muchísimos metros del suelo sobre nosotros y el equipo estaba camuflado entre todos los viandantes de la calle. Así que le dije señalando hacia el cielo puede ver la cámara allá arriba? Y entonces él miró y automáticamente se dirigió hacia mí poniéndose rojo como un tomate y diciéndome: ¡Ay perdón! Discúlpame de verdad… Y yo de los nervios y del susto me eché a reír como una niña pequeña, le empecé a decir que no pasaba nada,  que entre mis pintas y la locura que estaba haciendo era perfectamente normal que no sólo me hubiera llamado la atención, ¡sino que me hubieran detenido directamente!

Y es que es muy curioso lo que hay que hacer en los rodajes en muchas ocasiones. Pero si consigues dar la vuelta a la situación y consigues verlo como algo extraordinario, puedes incluso sentirte afortunado por hacer cosas que como ciudadano de a pie muchas veces sería imposible que llevaras a cabo… Lo curioso es que cuando haces todo eso con esas pintas que yo llevaba aquel día te sientes con un respaldo bastante extraño. Sientes como si no fueras tú mismo, como si estuvieras dentro de un personaje (que lo estás) que hace efecto coraza y te protege de cualquier cosa que pueda pasar y deja tu educación, integridad y vergüenza intactas porque tus actos están firmados por un personaje ficticio. Es muy curioso… Se me hace raro explicarlo, incluso.

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Chaleco gris de Pedro del Hierro

Chaleco gris de Pedro del Hierro y vaqueros de Levi´s

Bolso de Furla

Bolso de Furla y camisa de cuero de Chic and Rolla

Pendiente de cadena de Tous

Pendiente de cadena de Tous

Brazalete de Din Van

Brazalete de Din Van

Botines de tachuelas de Roger Viver

Botines de tachuelas de Roger Viver

Camisa de Chic and Rolla

Camisa de cuero de Chic and Rolla

Bolso de peluche de Furla

Bolso de peluche de Furla

Pero oye, hay veces que agradeces sentirte escondido detrás de alguien incluso con una valentía ficticia (la de tu personaje) para hacer cosas o tomar decisiones que, a veces, uno es demasiado miedoso o cobarde para tomar o afrontar. Creas un personaje valiente y sin miedo, decidido y atrevido que utilizas de parapeto, como un alter ego. Pero del que, sin duda, aprendes y esperas que se te peguen cosas como por arte de magia. Bueno, soñar es gratis, y arriesgarse y quitarse los miedos, así que, ¿que nos compensa más?

Con amor,

B.

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